La manzanilla es
una hierba que crece silvestre, de aroma dulce que puede llegar a medir hasta
60 cm. de altura. Se cultiva para usos caseros, con ella se acostumbra a hacer
infusiones que alivian muchos desórdenes digestivos, siendo esta una de sus
principales características. Se han encontrado registros que muestran que ya
era usada con este fin desde el siglo I d.C.
Sin embargo, sus
propiedades medicinales van mucho más allá, puesto que también posee cualidades
anti-espasmódicas, relajantes, anti-inflamatorias,
carminativas y anti-alérgicas.
Entre los principales componentes de la manzanilla están la vitamina C, betacarotenos y colina.
La colina presente en la manzanilla ayuda a eliminar las grasas de la sangre y como consecuencia se reduce el colesterol de las arterias.
Es comprobado que
se puede utilizar sin repercusiones negativas en niños pequeños, a quienes les
ayuda con los cólicos infantiles. Proporciona alivio en casos de indigestión,
acidez, gases, hinchazón, cólicos, gastritis, úlcera gástrica y síndrome de colon irritable. Estimula la producción de la bilis y protege el hígado.
Tiene propiedades
anti-espasmódicas fuertes, gracias a un aceite volátil que posee llamado “espiroéter”, el cual relaja los músculos tensos y
doloridos, y proporciona alivio de los malestares causados por el período
menstrual, la irritabilidad y facilita
el sueño, inclusive en los niños.
En uso externo, se
utiliza para tratar la piel irritada o inflamada, el eczema, calmar la picazón y descansar los
ojos. Al practicar enjuagues con infusión de manzanilla se previenen infecciones bucales, puesto que tiene propiedades antisépticas. Ejerce una función sedante suave al utilizarla en baños por lo que es adecuada para calmar los nervios.
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